Artículo de Pedro Solbes, Vicepresidente económico del Gobierno español, publicado en Financial Times. 9 septiembre 2008

martes, 09 de septiembre de 2008


Un periodo de fuerte crecimiento ha traído cambios que han creado una economía moderna, competitiva y globalmente integrada.

 

¿CÓMO PUEDE ESPAÑA VOLVER A TENER UN FUERTE CRECIMIENTO?

Artículo de PEDRO SOLBES (ministro español de Economía)

Financial Times, Reino Unido, 09-09-08

Un periodo de fuerte crecimiento ha traído cambios que han creado una economía moderna, competitiva y globalmente integrada.
Un año después de que estallara la crisis crediticia global, es evidente que todas las economías desarrolladas han resultado severamente afectadas. Estamos sufriendo un deterioro global junto con un aumento de la inflación.

Evidentemente, España no es una excepción. Tras 13 años de sólido crecimiento, la actividad económica se ha debilitado considerablemente y el desempleo está aumentando. Hasta el momento, no hay nada que llame la atención sobre el funcionamiento de la economía española; de hecho, según las cifras del segundo trimestre, estamos saliendo un poco mejor parados que la media de los países de la eurozona, en términos de crecimiento del PIB.

Esto no quiere decir que no estemos preocupados. No podemos decir que lo peor ya ha pasado –esperamos más deterioro en los próximos trimestres, principalmente debido al continuo y severo ajuste que se está produciendo en el sector de la vivienda. Sin embargo, seguimos confiando en que la economía tocará fondo en el 2009 y alcanzará unas tasas de crecimiento próximas a su potencial en el 2010. Somos optimistas porque nuestra economía ha experimentado una transformación estructural radical durante las dos últimas décadas que nos ha puesto en una posición mucho mejor de cara a los desafíos que se presenten.

Me gustaría hacer hincapié en algunos de los puntos fuertes con los que la economía española puede contar para salir de su deterioro.

En primer lugar, España está hoy en día mucho mejor capitalizada que en el pasado. Las empresas y las familias españolas, así como el gobierno, todos han ayudado a levantar el nivel de  la inversión en la economía doméstica. España ha mejorado considerablemente la calidad de sus infraestructuras, las empresas están mejor equipadas y más comprometidas con la investigación y el desarrollo; además los trabajadores jóvenes que entran en el mercado laboral están más cualificados que los que se jubilan y la enseñanza superior está alcanzando niveles sin precedentes.

Este proceso de rápida acumulación de capital ya trajo importantes beneficios en productividad durante los dos últimos años y seguramente se  expandirá más a medio plazo.

El esfuerzo inversionista, junto con una tasa estable del ahorro ha llevado a un considerable déficit por cuenta corriente. En contraste con otros países con grandes déficit, en España esto es el resultado de decisiones sobre inversión tomadas por el sector privado. Mientras tanto, el gobierno ha llevado a cabo una sólida y prudente política fiscal.

En segundo lugar, quiero recalcar la resistencia del sistema financiero español. Los bancos españoles son solventes, eficientes y rentables y están bien posicionados para resistir el desorden actual. Los intermediarios financieros españoles no han resultado directamente afectados por la crisis de las subprimas, sino indirectamente por unas condiciones internacionales de crédito más estrictas, como ha ocurrido en muchos otros países y por un drástico ajuste en el mercado nacional de la vivienda.

Sin embargo, a pesar del fuerte crecimiento de los créditos en los últimos años, las prácticas relacionadas con los préstamos han seguido pautas prudentes bajo la estricta supervisión del Banco de España. Aunque, sin lugar a dudas, las tasa de incumplimiento de préstamos está subiendo, sigue siendo inferior a la de anteriores deterioros económicos y es menos de la mitad de la tasa de las tres economías más grandes de la eurozona.

En tercer lugar, nuestras instituciones financieras han hecho grandes provisiones en el pasado y éstas han sido mejoradas por las demandas de un provisión dinámica anticíclica introducida hace unos cuantos años por el regulador.

También merece la pena mencionar que las instituciones crediticias españolas se han centrado en la banca de minoristas, para de esta forma poder conseguir fondos incrementando los depósitos. En los últimos meses, los bancos españoles también han incrementado sus préstamos del Banco Central Europeo, aunque esta liquidez sólo representa un 1,3% de sus balances y concuerda con la representación de los bancos españoles en la eurozona. Además, los intermediarios financieros españoles poseen suficientes garantías de alta calidad como para cubrir sus actuales necesidades de financiación y para hacer frente a demandas extras si el BCE refuerza su política sobre garantías.

En cuarto lugar, España se ha convertido en una economía mucho más abierta y nuestras empresas están demostrando ser competitivas en todos los mercados. El comercio internacional representa el 60% del PIB – uno de los porcentajes más altos ente los países más grandes- y es 15 puntos porcentuales superior al de principios de la década de los 90. Las empresas españolas se han convertido en operadores globales en sectores que incluyen la energía, las telecomunicaciones, la banca y las infraestructuras públicas, entre otros. A  pesar del déficit por cuenta corriente, las exportaciones van bien y la demanda externa ha empezado a contribuir de forma positiva al crecimiento.

Finalmente, después de muchos años de una política fiscal prudente, en el 2007 el gobierno español dio un superávit superior al 2% del PIB y se las ingenió para recortar su deuda pública hasta el 36% del PIB, 30 puntos porcentuales por debajo del de la media de la eurozona. Esto nos permite aplicar algunas medidas anticíclicas para mitigar la fase descendente. El gobierno está totalmente comprometido en llevar a cabo más reformas estructurales, tales como la puesta en práctica de las directrices sobre servicios de la UE.

El largo periodo de fuerte crecimiento ha traído unos cambios económicos duraderos que han convertido a España en una economía moderna, competitiva e internacionalmente integrada. Estos cambios estructurales están aquí y se quedarán. Ciertamente, un severo ajuste está en camino y la economía  seguirá siendo débil hasta el próximo año, con el aumento del desempleo y una inflación alta, pero en descenso. Afortunadamente, tenemos espacio de maniobra y eso servirá para ayudar a compensar el coste social del deterioro económico, mientras se mantiene la inversión necesaria en infraestructuras y educación para mejorar la productividad en el futuro. Estamos convencidos de que en el 2010 nuestra economía entrarán en un nuevo periodo de fuerte crecimiento sostenible que se beneficiará de nuestra transformación estructural.

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